120 respuestas repartidas en 12 temas, de la ficha técnica al mantenimiento. Están escritas con cifras concretas y dicen también cuándo no conviene algo: si la respuesta honesta es que no necesitas nuestro producto más caro, eso es lo que vas a leer.
120 preguntas
Materiales, fibra, base y el significado de cada dato de la ficha técnica.
Es un tejido formado por fibras sintéticas cosidas sobre una base textil que después se recubre por el reverso para fijarlas. Visualmente imita a un césped natural recién segado, pero no es un ser vivo: no crece, no necesita agua ni nutrientes y no se pudre. Se fabrica en rollos, habitualmente de 2 y 4 metros de ancho, y se corta a medida para cada instalación.
La fibra suele ser de polietileno (PE), que es la que da el aspecto natural y el tacto suave. El thatch —el rizo corto de la base que imita la hierba seca— es normalmente de polipropileno (PP), más rígido y económico. En instalaciones deportivas de mucho desgaste se usa a veces nylon (poliamida), mucho más resistente pero más áspero y caro. La base está formada por una malla tejida de polipropileno y un recubrimiento de látex SBR o de poliuretano que sujeta las puntadas.
Es la capa de fibra corta y rizada, generalmente de tono marrón o beige, que se teje entre las fibras verdes. Cumple dos funciones: imita la hierba seca que hay en la base de cualquier césped real, lo que evita el efecto «alfombra de un solo verde», y sostiene las fibras largas para que se mantengan verticales. Un césped sin thatch se identifica como artificial mucho antes.
El dtex es el peso en gramos de 10.000 metros de una fibra. Traduce el grosor de cada filamento: a más dtex, más gruesa y resistente es cada brizna. En césped residencial de gama media-alta lo habitual está entre 10.000 y 14.000 dtex. Por sí solo no basta: un dtex alto con poca densidad da un césped ralo con fibras gruesas.
Es el número de mechones de fibra por metro cuadrado, expresado en puntadas/m². Se obtiene multiplicando las puntadas por metro lineal por el número de filas por metro. Como referencia: por debajo de 15.000 es gama básica; entre 16.000 y 19.000, gama media; a partir de 20.000, gama alta. Es el indicador que mejor predice si el césped seguirá presentable a los cinco años.
La galga (gauge) es la separación entre las filas de costura, medida en pulgadas. Las más comunes en césped decorativo son 3/8" (9,5 mm) y 5/8" (15,9 mm). A menor galga, las filas están más juntas y el césped resulta más denso a igualdad de puntadas por metro lineal.
Se refiere a la sección transversal del filamento, que determina cómo se comporta al pisarlo. Las fibras rectas simples se tumban con facilidad; las de sección en C, S, V o W incorporan nervios que actúan como muelle y devuelven la fibra a su posición vertical. Esa «memoria elástica» es la diferencia técnica principal entre un césped de gama media y uno de gama alta.
Suma la fibra y la base, y es el dato más difícil de maquillar: si hay más gramos, hay más material. Orientativamente, 1.500-2.000 g/m² corresponde a gama básica, 2.200-2.800 g/m² a gama media y 2.900-3.600 g/m² a gama alta. Cuando dos fichas técnicas parecen equivalentes, el peso suele desempatar.
La base de látex SBR con perforaciones es el estándar y funciona bien en la mayoría de instalaciones. La base de poliuretano permite una permeabilidad total —drena por toda la superficie, no solo por los agujeros—, aguanta mejor la humedad permanente y no se degrada con la orina. Encarece el producto unos 2-3 €/m² y merece la pena sobre todo con mascotas o en zonas de lluvia intensa.
Un producto que declare cumplir la norma EN 71-3 está libre de metales pesados por encima de los límites fijados para juguetes infantiles. Es la referencia que conviene exigir, sobre todo si va a haber niños o mascotas. Pide siempre la ficha técnica o el certificado: la ausencia de esa mención es en sí misma una señal.
Las fibras sintéticas funden con el calor y pueden arder. Por eso existe la clasificación de reacción al fuego según la norma EN 13501-1; en césped decorativo lo habitual es Cfl-s1. La arena de sílice como lastre mejora el comportamiento frente al fuego. En la práctica, los daños vienen casi siempre de brasas de barbacoa o colillas, no de un incendio.
Puede desprender un ligero olor a plástico durante los primeros días, sobre todo si el rollo ha estado almacenado y le da el sol. Desaparece solo en una o dos semanas. Un olor fuerte y persistente a productos químicos no es normal: si aparece, conviene reclamar al vendedor.
Altura, densidad, color y qué modelo encaja con cada uso.
De 20 a 30 mm para zonas de paso intenso, terrazas y balcones, donde interesa que la fibra no se tumbe. De 35 a 45 mm es el rango más equilibrado y el más vendido para jardines residenciales: parece natural y sigue siendo cómodo. Por encima de 45 mm el aspecto es muy frondoso pero la fibra se tumba antes donde se pisa, así que conviene reservarlo para zonas decorativas.
La densidad. Un césped de 40 mm poco denso se ve clareado en cuanto la fibra se tumba; uno de 30 mm bien denso aguanta mucho mejor y resulta más natural. Con el mismo presupuesto, sube densidad antes que altura.
Para un jardín residencial de uso diario, el rango de 30 a 40 mm con una densidad a partir de 18.000 puntadas/m² y garantía de color de 10 años o más cubre bien la mayoría de casos. Si el jardín es la vista principal de la casa y se pisa poco, subir a 45 mm mejora el aspecto; si hay niños, mascotas y mesa de comedor exterior, quedarse en 30-35 mm da mejor resultado a tres años.
El que combine drenaje alto (a partir de 80 litros por hora y m²), altura moderada de 30 a 40 mm y base perforada o de poliuretano. El drenaje evita que la orina se acumule y genere olores; la altura moderada facilita la limpieza. Por encima de 45 mm los residuos se enredan entre las fibras y cuesta mucho más mantenerlo.
Entre 20 y 30 mm. En una superficie pequeña la altura grande no aporta realismo y sí complica el mantenimiento. Importa más el peso —entre 1,6 y 2,1 kg/m² frente a los 2,9 kg/m² de un césped alto— porque en un ático puede haber limitación de carga, y el drenaje, ya que el agua no puede filtrar al terreno.
Busca fibra estabilizada frente al cloro, drenaje alto para que seque rápido y altura moderada de 25 a 35 mm. Conviene fijar el perímetro con adhesivo en vez de clavos metálicos, que se oxidan con el agua clorada o salada.
Mira cuatro datos juntos: densidad (puntadas/m²), peso total (g/m²), dtex y años de garantía de color. Si el vendedor no publica alguno de ellos, normalmente es porque no favorece a su producto. Físicamente, un buen césped tiene al menos tres tonos de fibra, thatch marrón en la base y las fibras vuelven a levantarse al doblarlas con la mano.
En España cualquier producto vendido a un consumidor tiene 3 años de garantía legal de conformidad. Aparte, el fabricante ofrece una garantía comercial frente a la decoloración por radiación ultravioleta: de 5 años en gama básica a 15 en gama alta. En zonas de mucho sol, como el litoral mediterráneo, no conviene bajar de 10 años.
Depende del uso. En una zona muy pisada, la diferencia se nota a partir del tercer año: la fibra de gama alta recupera la verticalidad y la básica no. En una zona decorativa que apenas se pisa, la diferencia es sobre todo estética y puede no compensar. Para una superficie grande y poco visible, un césped medio bien instalado rinde más que uno premium mal instalado.
Bajo el sol intenso del sur de Europa, los verdes muy saturados delatan de inmediato que el césped es artificial. Los tonos con base verde oliva, algo más apagados y grisáceos, se integran mejor en jardines mediterráneos con gravas claras, olivos o muros encalados. En cambio, en interiores o en zonas de luz baja, un verde más vivo resulta más agradable.
Sí, y es muy recomendable: ninguna pantalla reproduce fielmente el color ni permite juzgar el tacto. Solicita dos o tres muestras y compáralas en tu propio jardín, a distintas horas del día. El mismo césped se ve muy distinto a mediodía y al atardecer.
Lleva ambos a la misma unidad: precio por m² con IVA incluido. Después compara densidad, peso total y años de garantía, y comprueba si el presupuesto incluye la preparación de la base, la malla antihierbas, las juntas y el material de fijación. La mayor parte de las diferencias de precio entre instaladores está en lo que no aparece en la primera línea.
Cuántos metros pedir, cuánto cuesta y qué entra en el precio.
Mide el largo por el ancho de cada zona y suma las superficies. A ese total añade entre un 5 % y un 15 % de margen: los rollos vienen en anchos fijos de 2 o 4 metros y siempre hay recortes en esquinas, curvas y juntas. Un 5 % basta en un rectángulo limpio; un 15 % es prudente con formas irregulares.
Porque el césped se corta a lo largo de un rollo de ancho fijo. Si necesitas una franja de 3 metros de ancho, hay que cortarla de un rollo de 4 y el metro sobrante ya está pagado. Además todos los rollos deben colocarse con la fibra en el mismo sentido, lo que limita el aprovechamiento de los recortes.
El de 4 metros deja menos juntas y mejor acabado, y sale más a cuenta si tu superficie tiene 4 metros o más en alguna dirección; a cambio pesa mucho (unos 100 kg en 10 metros lineales) y hace falta ser dos personas. El de 2 metros es más manejable para accesos estrechos, escaleras o balcones, pero genera el doble de juntas.
Resta solo los elementos grandes y de forma regular, como una piscina de 8 × 4 metros. Un árbol aislado o un parterre pequeño no conviene restarlos: el corte alrededor genera más desperdicio del que ahorras, y quedarse corto es el peor escenario posible.
Es el error más caro. Una reposición posterior puede venir de otra partida de fabricación y notarse una diferencia de tono que no tiene arreglo. Por eso siempre conviene redondear al alza y guardar los recortes grandes: dentro de unos años servirán para reparar una zona dañada con exactamente el mismo tono.
En España, orientativamente: de 9 a 15 €/m² en gama básica, de 15 a 25 €/m² en gama media-alta y de 30 a 40 €/m² en gama élite, siempre con IVA incluido. Por debajo de 10 €/m² se está comprando poca fibra y garantías cortas, lo que puede ser perfectamente razonable según el uso.
La instalación profesional en España ronda los 10-20 €/m² e incluye retirada del terreno existente, preparación y compactado de la base, colocación, juntas y fijación. Sobre una superficie dura ya existente, como una terraza, el trabajo es mucho menor y muchos clientes lo hacen ellos mismos.
A medio plazo, normalmente sí. Un césped natural en clima mediterráneo consume del orden de 600 litros de agua por m² y año, más siegas semanales en temporada, abonado y tratamientos. El artificial supone un desembolso inicial mayor y cero coste de agua durante 10-15 años. El punto de equilibrio suele situarse entre el cuarto y el séptimo año, según el precio del agua y si contratabas o no la siega.
En clima mediterráneo, mantener 50 m² de césped natural consume aproximadamente 30.000 litros al año. El césped artificial no requiere riego; solo se enjuaga puntualmente para retirar polvo, lo que supone unos pocos cientos de litros anuales.
El precio por m² cubre únicamente el rollo de césped. Aparte hay que contar la malla antihierbas, la banda de unión y el adhesivo para las juntas, los clavos o el adhesivo de perímetro y, si procede, la arena de sílice y la base de zahorra. En una instalación doméstica típica, ese material accesorio supone entre un 10 % y un 20 % adicional.
Preparación de la base, cortes, juntas y errores que salen caros.
Sí en superficies duras y regulares —terrazas, balcones, patios de hormigón— y en jardines pequeños de forma rectangular. En jardines grandes, con desniveles o muchas curvas, la preparación de la base es el punto crítico y suele compensar contratar a un instalador: un mal compactado se nota a los pocos meses en forma de ondulaciones.
Cúter con hojas de repuesto, cinta métrica, regla o listón recto, cepillo de cerdas sintéticas, malla antihierbas, banda de unión, adhesivo de poliuretano y clavos en U o adhesivo de perímetro según el tipo de suelo. Sobre tierra hacen falta además zahorra, arena de nivelación y una placa compactadora, que se alquila por horas.
Para 20 m² sobre tierra, entre 8 y 12 horas de trabajo repartidas en dos días, porque hay que dejar reposar el césped 24 horas antes de cortarlo. Sobre una superficie dura ya existente, la misma superficie se resuelve en 3 o 4 horas.
Sí, y no basta con segarlo: hay que retirar el tepe completo, con raíces, o rebrotará por las juntas. Lo habitual es excavar entre 8 y 10 centímetros, eliminar raíces y piedras y sustituirlos por una base de zahorra compactada.
Sí, y es la instalación más sencilla. Basta con limpiar bien la superficie, eliminar musgo y restos de grasa y comprobar que el agua evacúa hacia un desagüe. Si el suelo es muy duro y buscas confort al pisar, puede añadirse una base amortiguadora de espuma de unos 10 mm.
También, siempre que la madera esté en buen estado y bien ventilada por debajo. El riesgo es atrapar humedad entre la tarima y el césped, lo que acelera la pudrición de la madera. Conviene usar un césped de drenaje alto y no sellar el perímetro por completo, para que el conjunto respire.
Se puede, pero es la principal causa de instalaciones que fallan. Sin una base compactada y nivelada, el terreno se asienta de forma desigual y a los pocos meses aparecen ondulaciones y hundimientos que ya no tienen arreglo sin levantarlo todo.
Sobre tierra, sí. Impide que las semillas germinen y atraviesen el césped por las juntas, que es siempre por donde aparecen. Usa un geotextil de unos 100 g/m²: por debajo de 90 g/m² las raíces más agresivas lo perforan. Sobre hormigón o baldosa no hace falta.
No siempre. En céspedes de calidad con buena memoria elástica no es imprescindible. Sí es recomendable en superficies grandes, zonas de mucho paso y con mascotas: lastra el rollo, mantiene la fibra vertical y mejora el comportamiento frente al fuego. La dosis habitual es de 4 a 6 kg/m².
Todos en el mismo sentido de fibra. Si uno se gira 180°, el color se ve distinto según la luz y la junta canta de forma permanente. Conviene además orientar la fibra hacia el punto desde el que más se ve el jardín —normalmente la casa o la terraza—, porque a contrafibra el verde se percibe más intenso.
Corta siempre por el reverso, entre dos líneas de puntadas y con hoja nueva. Coloca la banda de unión centrada bajo ambas piezas, aplica el adhesivo en cordones en zigzag y deja 2-3 mm de separación entre piezas para que puedan dilatar con el calor. Antes de que el adhesivo seque, levanta con los dedos las fibras que hayan quedado atrapadas.
Porque llega con las marcas del enrollado del transporte. Extendido al sol entre 24 y 48 horas, la fibra recupera su posición y el rollo se asienta. Cortar antes de ese reposo lleva a tomar medidas sobre un material que aún va a moverse.
Sí, hasta pendientes moderadas. Por encima de un 15-20 % conviene reforzar la fijación en la parte alta y usar más clavos, porque el peso del propio césped tiende a desplazarlo con el tiempo. En taludes pronunciados es preferible recurrir a un instalador con experiencia.
Se hace un corte en cruz aproximado, se ajusta poco a poco y se remata dejando 2-3 cm de holgura alrededor del tronco para que el árbol pueda engrosar. Ese margen se puede cubrir con grava decorativa o corteza, que además facilita el riego del árbol.
Primavera y otoño. Evita las horas centrales de julio y agosto: por encima de 45 °C de temperatura superficial el adhesivo cura demasiado rápido y el césped dilata, de modo que al enfriarse se contrae y abre las juntas. En invierno, con frío intenso, el rollo tarda más en asentarse y la fibra está menos flexible.
En terreno natural con buena filtración, no: la base perforada del césped y la zahorra evacúan bien. Hace falta prever drenaje cuando el terreno es arcilloso y retiene agua, o en superficies duras sin pendiente. En todos los casos conviene dejar una caída del 1-2 % hacia el punto de desagüe.
Cepillado, limpieza, manchas y qué productos no usar nunca.
Un cepillado a contrapelo cada uno o dos meses en zonas de paso, un enjuague con manguera cada dos o tres meses para retirar el polvo y la retirada de hojas cuando toque. Para un jardín de 40 m² son unas 4-6 horas al año, frente a las 40-60 horas que exige solo la siega de un césped natural equivalente.
Cada uno o dos meses en zonas de paso y dos o tres veces al año en zonas decorativas, siempre a contrapelo y con cerdas sintéticas. Nunca uses cepillo metálico: raya y corta el filamento. Es la operación más eficaz y la que menos gente hace.
No es recomendable. El agua a alta presión levanta la fibra de la base, puede desprender el látex y desplaza la arena de sílice si la hubiera. Usa manguera con presión normal, que es suficiente para el polvo y los restos habituales.
Casi todas salen con agua tibia y jabón neutro si se actúa antes de que sequen. Para grasa o aceite, absorbe primero con papel y después usa detergente lavavajillas. El chicle se retira endureciéndolo con un cubito de hielo y levantándolo con una espátula de plástico. Para pintura al aceite, alcohol isopropílico en cantidad mínima, probando antes en una esquina poco visible.
Lejía, que decolora la fibra de forma irreversible; amoniaco, que degrada el látex de la base; disolventes agresivos como acetona o aguarrás, que funden el polietileno; y sal para deshelar, que cristaliza en la base y obstruye el drenaje de forma permanente.
Solo en zonas de sombra permanente con humedad. No dañan el césped, pero resbalan y afean. Se previenen asegurando un buen drenaje y retirando las hojas caídas con regularidad. Para tratarlo, cepilla en seco y usa un antimusgo específico para césped artificial: los de tejados suelen llevar sales de cobre que manchan.
Se retiran con soplador a potencia media o con un rastrillo de plástico, nunca metálico. Bajo árboles de hoja caduca conviene hacerlo cada pocos días: si las hojas se descomponen sobre el césped aportan materia orgánica que alimenta musgo y malas hierbas en las juntas.
Lo más seguro es dejar que se derrita solo; el césped no sufre por el hielo. Si necesitas despejar, usa una pala de plástico sin arrastrar sobre la fibra. Nunca eches sal ni productos de deshielo.
Si tu instalación la lleva, conviene revisarla cada dos o tres años, porque migra hacia las zonas bajas y algo se pierde con los enjuagues. Separa la fibra con los dedos: debería verse arena repartida. Si ves el látex desnudo en una zona amplia, repón 2-3 kg/m² y cepilla.
Sí, con productos específicos para césped artificial o con una solución de agua y vinagre blanco al 10 %, que neutraliza olores sin dañar la base. Para desinfección más exigente existen limpiadores enzimáticos. Evita siempre la lejía y los desinfectantes clorados concentrados.
A través de la fibra, no. Aparecen en las juntas y en el perímetro, a partir de semillas que caen encima y germinan en la materia orgánica acumulada. Se arrancan a mano con facilidad. Una malla antihierbas bien instalada y la retirada periódica de hojas reducen mucho el problema.
El césped artificial no es alimento ni hábitat, así que atrae bastante menos insectos que el natural. Las hormigas pueden anidar bajo la base si el terreno ya tenía hormigueros, y salen por las juntas; se trata con cebo específico en el perímetro. Los topos son muy poco frecuentes porque la malla y la base compactada dificultan su avance.
Calor, lluvia, muebles, barbacoas y convivencia con el día a día.
Sí, más que el césped natural: en pleno agosto y a pleno sol, un césped oscuro puede superar los 55 °C de temperatura superficial. Los tonos con verde oliva y las fibras con tecnología de refrigeración reducen la diferencia. Un riego rápido con manguera baja la temperatura de inmediato, y una vela de sombra resuelve el problema en terrazas muy expuestas.
Menos que una baldosa lisa, porque la fibra genera fricción y el agua atraviesa en lugar de quedarse en superficie. Aun así, alrededor de una piscina conviene elegir modelos con base texturizada. Ningún césped decorativo sustituye a un pavimento antideslizante certificado si la normativa lo exige.
No directamente. Una brasa caída hace un agujero instantáneo e irreparable. Instala la zona de barbacoa sobre pavimento o coloca una plancha protectora amplia bajo el aparato. Lo mismo vale para las colillas: son la segunda causa de quemaduras puntuales.
Sí, pero deja marca si no se mueven nunca. Una mesa fija en el mismo punto durante años acaba dejando una huella permanente. Basta con desplazar ligeramente el mobiliario cada pocas semanas y cepillar la zona. Los muebles con patas muy finas conviene apoyarlos sobre protectores para repartir la carga.
Puntualmente sí, aunque un tacón de aguja concentra mucha presión y puede llegar a perforar la base en céspedes de gama básica. En zonas donde se prevea ese uso —una terraza de evento, por ejemplo— es preferible un césped denso de fibra corta.
Sí, y es una de sus ventajas: no hay barro, ni insectos, ni superficies irregulares. Solo conviene evitarlo en las horas de más calor sobre superficies muy expuestas al sol, por la temperatura que alcanza la fibra.
No, si el drenaje del césped y la base son correctos. Una base perforada evacúa entre 50 y 100 litros por hora y m², suficiente para una lluvia intensa. Los encharcamientos vienen casi siempre de una base inferior demasiado compactada, de un terreno arcilloso o de la falta de pendiente en superficies duras.
Sí, es un problema real y documentado. Los cristales de baja emisividad ligeramente cóncavos pueden concentrar la luz solar sobre una franja estrecha y superar la temperatura de deformación de la fibra en pocas semanas. No lo cubre ninguna garantía. Si observas una banda de césped decolorada o fundida, la solución pasa por una lámina o un toldo en esa ventana.
Un césped con fibra estabilizada resiste sin decolorarse el cloro de una piscina doméstica y el agua salada. Lo que sí conviene es enjuagar con agua dulce un par de veces al verano la zona de salida de la piscina, porque la sal y el cloro depositados apelmazan la fibra a largo plazo.
Si está bien fijado, sí. El punto débil son las esquinas y el perímetro: en áticos y terrazas expuestas conviene reforzar la fijación en todo el borde y, si no se puede perforar, usar adhesivo de perímetro continuo o lastrar con arena de sílice.
Sí, en terrazas cubiertas, porches, zonas de juego o escaparates. En interior no da el sol, así que la degradación UV deja de ser un problema y dura mucho más. Conviene elegir una altura baja, de 20 a 25 mm, más cómoda de aspirar y de mantener.
No es su uso. El peso de un vehículo aplasta la fibra de forma permanente y el giro de las ruedas la arranca. Para zonas de paso de vehículos existen soluciones específicas con celdas de refuerzo, que son un producto distinto.
Olores, limpieza, seguridad y qué modelo aguanta mejor con perros.
No, si el drenaje es suficiente. Con una base que evacúe a partir de 80 litros por hora y m², la orina atraviesa de inmediato en lugar de quedarse retenida. El olor aparece cuando el drenaje es escaso o cuando la base inferior está compactada en exceso e impide la filtración.
Retira los sólidos a diario, igual que en césped natural. Cada dos semanas, enjuaga con manguera la zona que use tu perro. Si aparece olor, una solución de agua con vinagre blanco al 10 % lo neutraliza sin dañar el látex; también funcionan los limpiadores enzimáticos específicos.
Con un uso normal, no: la fibra sintética no se pela ni deja calvas como el césped natural. El riesgo está en los perros que escarban, que pueden levantar el perímetro. La solución no es cambiar de césped sino reforzar la fijación: clavos cada 15 cm en lugar de cada 25, y remate de borde enterrado.
Un césped que cumpla la norma EN 71-3 está libre de metales pesados por encima de los límites fijados para juguetes. Aun así, la fibra no está pensada para ser ingerida: si tu perro mordisquea de forma compulsiva, conviene supervisarlo las primeras semanas hasta que pierda el interés.
Se acaban tres cosas a la vez: el barro que entra en casa cada vez que llueve, las calvas amarillas que la orina quema en el césped natural, y los herbicidas y abonos del suelo, que son un riesgo real en un animal que lame la hierba. A cambio hay que asumir un enjuague periódico de la zona que use el perro, que en césped natural no hace falta.
Sí. Estos parásitos necesitan humedad y materia orgánica para completar su ciclo, y el césped artificial no se lo ofrece. No es una barrera absoluta —el animal puede traerlos de fuera—, pero elimina el reservorio del propio jardín.
Entre 30 y 40 mm. Por debajo resulta poco cómodo para que el animal se tumbe; por encima de 45 mm los residuos sólidos y el pelo se enredan entre las fibras y la limpieza se vuelve tediosa.
Puede resultar incómodo en las horas centrales de verano sobre superficies muy expuestas. Prevé una zona de sombra, elige tonos oliva en lugar de verde oscuro y riega con manguera antes de que el animal salga: la temperatura superficial baja de inmediato.
Los gatos conviven bien con el césped artificial y no suelen escarbar como los perros. El único inconveniente es que algunos lo usan como arenero; se resuelve manteniendo un arenero atractivo cerca y enjuagando la zona afectada.
Materiales seguros, amortiguación de caídas y zonas de juego.
Sí, siempre que cumpla la norma EN 71-3 de metales pesados, la misma que se aplica a los juguetes. Elimina además el barro, los insectos del suelo y la necesidad de herbicidas o abonos, que son un riesgo real en un jardín con niños que se llevan las manos a la boca.
Por sí solo, poco: amortigua algo más que una baldosa, pero no cumple la norma EN 1177 de áreas de juego. Para eso hay que instalarlo sobre una base amortiguadora de espuma, cuyo espesor se dimensiona según la altura de caída libre del juego.
Depende de la fibra. Los filamentos con nervio central rígido, pensados para resistir el paso, son más ásperos. Para zonas infantiles existen fibras suaves sin nervio rígido, notablemente más agradables al tacto y que no producen las quemaduras por rozamiento típicas del césped deportivo.
Un columpio sí, anclado a su propia base y no al césped. Una piscina desmontable puede dejarse unos días, pero si permanece semanas aplastará la fibra y creará una zona de humedad permanente que favorece el moho. Si va a estar toda la temporada, mejor colocarla sobre pavimento.
Sí, y es una aplicación habitual. En ese caso hay que atender a dos requisitos añadidos: la clasificación de reacción al fuego y, si hay juegos con altura de caída, la amortiguación según EN 1177 mediante base específica bajo el césped.
Puede generar algo de carga estática en ambientes muy secos, sobre todo si los niños se deslizan sobre él. Es inofensivo y se reduce con la humedad ambiental; un enjuague ocasional lo elimina por completo. Los céspedes con arena de sílice apenas lo presentan.
Cuánto dura, qué lo estropea, qué cubre la garantía y cómo repararlo.
Entre 10 y 20 años. Un modelo de gama media con protección UV en orientación sur en el Mediterráneo mantiene buen aspecto unos 12 años; en orientación norte o con sombra parcial puede superar los 18. La gama básica ronda los 7-10 años.
La verticalidad de la fibra en las zonas de paso, que se pierde antes que el color. El segundo síntoma es la pérdida de saturación del verde por radiación ultravioleta. La base de látex es lo último en fallar, salvo en instalaciones con drenaje deficiente.
Sí, con el tiempo. Los céspedes de calidad llevan estabilizadores UV mezclados en la masa de la fibra, no aplicados en superficie, lo que retrasa mucho el proceso. La garantía de color, de 5 a 15 años según la gama, es precisamente la que cubre este deterioro.
Cuando la fibra se rompe al doblarla entre los dedos en lugar de recuperar, cuando se ve la base entre las fibras en más del 20 % de la superficie, cuando las juntas se han abierto y no responden a un nuevo pegado, o cuando el drenaje ha dejado de funcionar y se forman charcos.
Sí. Se recorta la zona afectada en un rectángulo limpio, se coloca un parche del mismo material con banda de unión por debajo y se pega. Por eso conviene guardar los recortes grandes de la instalación: serán exactamente el mismo tono y la misma partida, algo casi imposible de conseguir años después.
La garantía comercial del fabricante cubre la decoloración por radiación ultravioleta durante los años indicados. No cubre daños por instalación incorrecta, quemaduras por brasas o reflejos, manchas de productos químicos, aplastamiento por mobiliario ni el desgaste normal por uso. Aparte, la garantía legal de conformidad de 3 años cubre los defectos de fabricación.
Cepillar cada dos meses es lo más eficaz y lo que menos gente hace. Además: cambiar el mobiliario de sitio periódicamente, enjuagar el polvo dos o tres veces al año, evitar barbacoas directamente encima y revisar el drenaje una vez al año tras una lluvia fuerte.
Es reciclable, pero requiere plantas específicas que separen el polietileno de la fibra del polipropileno y el látex de la base. En España existen gestores que lo aceptan, aunque la red todavía es limitada. Algunos fabricantes ofrecen productos con base 100 % polietileno, reciclables como un solo material: si la circularidad te importa, es una pregunta que merece la pena hacer al comprar.
Agua, biodiversidad, microplásticos y reciclaje, sin adornos.
Tiene ventajas e inconvenientes, y depende del contexto. A favor: ahorra del orden de 600 litros de agua por m² y año en clima mediterráneo, elimina herbicidas, abonos y las emisiones del cortacésped. En contra: es un producto derivado del petróleo, no absorbe CO₂, reduce la biodiversidad del suelo y al final de su vida genera un residuo difícil de reciclar. En zonas con estrés hídrico, el balance suele ser favorable; en zonas lluviosas, mucho menos.
Sí. Una superficie de césped artificial deja de ser hábitat para insectos, lombrices y microfauna del suelo. Si te preocupa, una solución razonable es combinar: césped artificial en la zona de estar y de paso, y parterres con plantas autóctonas y de bajo consumo hídrico en el resto. Conserva la biodiversidad donde de verdad aporta y ahorra agua donde no.
La fibra se desgasta con el uso y puede liberar partículas, aunque en cantidades muy inferiores a las de los campos deportivos con relleno de caucho granulado. La normativa europea ha restringido los rellenos poliméricos en instalaciones deportivas con un periodo de transición; el césped decorativo doméstico, que se lastra con arena de sílice en vez de caucho, no se ve afectado del mismo modo.
Localmente sí. Al no haber evapotranspiración, la superficie alcanza temperaturas mayores que un césped vivo y contribuye al efecto isla de calor en entornos urbanos. En terrazas y patios pequeños el efecto es perceptible en verano. Prever sombra —vegetación, toldo o pérgola— lo mitiga de forma notable.
Sí, y suele ser la mejor solución. Reservar el césped artificial para la zona de uso y dedicar el resto a xerojardinería con especies mediterráneas mantiene el jardín vivo, reduce el consumo de agua y evita convertir toda la parcela en superficie sintética.
Depende de la ordenanza de cada municipio. El césped artificial con base drenante y sobre terreno natural suele computar como permeable, pero no siempre, y sobre solera de hormigón normalmente no. Si tu parcela está sujeta a un porcentaje mínimo de superficie permeable, conviene consultarlo en el ayuntamiento antes de proyectar.
Permisos, terrazas de comunidad, impermeabilización y sequía.
En terrazas de uso privativo normalmente sí, siempre que no se altere la impermeabilización ni la estructura y no se modifique el aspecto exterior del edificio. Conviene revisar los estatutos de la comunidad y, ante la duda, comunicarlo por escrito a la administración de fincas antes de instalar.
Para una instalación doméstica sobre una superficie existente, normalmente no: no es obra mayor. Si implica movimiento de tierras, modificación de desagües o afecta a elementos comunes, puede requerir comunicación previa. Cada ayuntamiento tiene sus criterios, así que una consulta rápida evita sorpresas.
Nunca. Un clavo que atraviese la tela asfáltica genera una filtración que acabará apareciendo en el piso de abajo, con la responsabilidad que eso conlleva. Sobre superficie impermeabilizada el césped se fija exclusivamente con adhesivo de perímetro.
Puede haberlas si la intervención es visible desde la vía pública. En zonas con protección patrimonial conviene consultar al ayuntamiento antes de instalar en terrazas o patios visibles desde la calle.
No, porque no requiere riego. De hecho, durante los episodios de sequía de los últimos años en España la prohibición de regar zonas verdes ornamentales fue uno de los motivos principales por los que muchos propietarios hicieron el cambio.
Precios, pago, plazos, entregas y derecho de desistimiento.
El precio que se muestra es por metro cuadrado con IVA incluido. Al indicar los m² que necesitas, el sistema redondea al alza según el ancho de rollo elegido —2 o 4 metros—, porque el corte se hace sobre el rollo completo, y muestra el importe exacto antes de añadirlo al carrito.
Entre 2 y 4 días laborables en península. Salen en un sobre por correo ordinario, así que se entregan directamente en el buzón: no hace falta que haya nadie en casa. Recibirás un email cuando salgan.
Sí: ni las muestras ni el envío tienen coste, y pedirlas no genera ningún pedido ni obligación de compra. Son retales de 10 × 15 cm del sobrante de rollo, así que nos cuesta menos enviarte tres que gestionar una devolución de 40 m² del color equivocado.
Hasta tres por solicitud, que es lo que hace falta para decidir: dos candidatos reales y un comodín. A partir de ahí la comparación deja de aclarar y empieza a confundir. Si más adelante quieres ver otros modelos, escríbenos y te los enviamos.
Tarjeta de crédito y débito, Apple Pay, Google Pay y Bizum, procesados por Stripe. Los datos de la tarjeta no se almacenan en ningún momento en la tienda: el pago se realiza íntegramente en el entorno seguro de la pasarela.
Entre 3 y 5 días laborables para la península desde la confirmación del pago. Los pedidos con corte a medida realizados antes de las 14:00 de un día laborable se preparan ese mismo día.
Enrollado sobre un tubo de cartón y protegido con film. Hasta 30 m² viaja por paquetería estándar con entrega en el domicilio; por encima de esa cantidad se envía en palé con entrega a pie de calle. Ten en cuenta que un rollo de 4 × 10 metros pesa unos 100 kg: conviene prever dos personas.
Sí, pero con presupuesto específico por el sobrecoste del transporte marítimo y, en el caso de Canarias, Ceuta y Melilla, por los trámites aduaneros e impuestos locales. Escríbenos con el código postal y los m² y te damos un precio cerrado.
Dispones de 14 días naturales desde la recepción para desistir de la compra, conforme a la normativa europea. El producto debe devolverse sin instalar y en su embalaje original. Los cortes a medida realizados expresamente para un pedido pueden quedar excluidos del derecho de desistimiento; se indica siempre antes de comprar.
Si desistes de la compra sin que exista defecto, los costes directos de devolución son a tu cargo: orientativamente entre 40 y 90 € según cantidad y destino, por el peso y volumen del material. Si el producto es defectuoso o no se corresponde con lo pedido, la devolución corre por cuenta de la tienda.
Revisa el embalaje antes de firmar y, si observas daños, indícalo por escrito en el albarán del transportista: es lo que permite reclamar después. Comprueba también que el número de bultos coincide con el albarán. Después ponte en contacto con la tienda con fotografías del estado en que llegó.
Sí. Indica tu NIF o CIF en la dirección de facturación durante el proceso de compra y recibirás la factura con el IVA desglosado, válida para deducción si compras como empresa o autónomo.
Cuéntanos tu caso —superficie, uso, si hay mascotas o niños— y te damos una recomendación concreta. También enviamos muestras gratuitas para que juzgues el color y el tacto en tu propia luz.
Lunes a viernes, 8:00–21:00 · +34 664091942
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