Mequinenza, en la provincia de Zaragoza pero dentro de la comarca del Bajo Cinca/Baix Cinca -una de las pocas comarcas aragonesas que no coincide con los límites provinciales-, tiene un caso urbanístico singular: el pueblo viejo fue demolido en los años sesenta y setenta por la construcción del embalse que lleva su nombre, y la población entera se trasladó a un núcleo nuevo varios kilómetros más allá, de urbanismo ya de mediados del siglo XX. Del pueblo viejo solo sobrevive el antiguo grupo escolar, hoy convertido en museo, y sus ruinas se pueden visitar junto al agua.
Con casi 2.250 habitantes, la economía combina el regadío de cerezo y melocotón con el turismo de los embalses de Mequinenza y Ribarroja -deportes de remo, pesca- y un castillo medieval de la Orden de Moncada que domina el pueblo nuevo desde lo alto. El entorno de agua dulce suaviza algo la sequedad del valle del Ebro, pero el verano sigue siendo caluroso; en jardines junto al embalse, el césped artificial aguanta bien la humedad ambiental sin encharcarse, siempre que el drenaje de la base esté bien resuelto.