Aguaviva, en el Bajo Aragón turolense, tiene unos 565 habitantes y es conocida en toda España por un programa pionero: desde el año 2000 el ayuntamiento impulsó la llegada de familias inmigrantes de Sudamérica y Rumanía para frenar la despoblación, un modelo que después copiaron cerca de 200 municipios españoles. El término, entre 450 y 926 metros de altitud en la confluencia de los ríos Guadalope y Bergantes, combina clima mediterráneo continentalizado -inviernos largos y fríos, veranos cortos y calurosos- con una economía de olivo, almendro, melocotón y cereal, además de cabaña porcina y ovina.
En jardines y patios, con ese contraste marcado entre estaciones, el césped artificial evita el desgaste que sufre un césped natural entre heladas y sequía, sin el mantenimiento que exigiría un pueblo con tan pocos recursos dedicados al riego.