Ojacastro recibió en 1312 un fuero de Fernando IV «al valle de la villa de Ojacastro, Ezcaray e Zorraquín e Valgañón» para repoblar esta zona fronteriza con Navarra, vigente hasta 1876; de forma curiosa, aquel fuero exigía conocer el euskera para ejercer de merino real, señal de que la lengua vasca se hablaba en el valle del Oja durante la Edad Media. El pueblo, con la villa y los barrios de Tondeluna, Arviza, Uyarra y San Asensio de los Cantos, conserva la iglesia de San Julián y Santa Basilisa y una ermita rupestre de la Ascensión, ambas declaradas Bien de Interés Cultural, a 793 metros de altitud en el valle del río Oja.
Con esa riqueza patrimonial medieval, el jardín o la terraza de las viviendas del pueblo se benefician de un césped artificial que mantiene buen aspecto todo el año sin el riego que el clima de montaña de esta zona exigiría al césped natural.